TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE EN EL AIRE
“-Desde ahora no eres más, ¡oh viviente materia!
que un granito rodeado de un espanto impreciso...
vieja esfinge que ignora el mundo indiferente,
olvidada en el mapa, y cuyo humor huraño
sólo canta a los rayos del sol cuando se pone.”
Spleen LXXVI
Charles Baudelaire, Las Flores del mal
La mirada se centra en el contexto urbano, en las calles y construcciones que al paso de los días convierten la ciudad en un espacio que se nombra así mismo. La fotografía capta un instante dentro de la ciudad, capta un momento que no vuelve a pasar. La ciudad en sí misma es el resultado de un álgido desarrollo. En particular ésta ciudad. Aquí, todo lo sólido se desvanece en el aire y casi todo está a punto de desaparecer puesto que la base de la ciudad, sus cimientos modernizantes, hacen de ella algo tan efímero como el momento que la fotografía capta. La ciudad está creciendo en aras de un progreso que avanza constantemente y hace que cada día que pasa, las cosas tiendan a desvanecerse en aire.
Al poco tiempo, la ciudad se vuelve en un lugar aciago, convertido casi en un “no lugar”. El espíritu progresista convocó a su transformación y el impulso del auge industrial modificó a lo largo de cien años el trazo original de sus calles, edificios y resignificó la manera en que la habitamos.
En esta imagen, “Todo lo sólido se desvanece en el aire” tomada del Manifiesto Comunista de Carlos Marx, plasmo a través de las fotografías un tema que pocas veces se ha considerado plantear: la insuficiencia de la idea de modernidad en los aspectos de la vida urbana. La idea constante de la modernidad, es decir, el cambio perpetuo y constante en todos los aspectos de la vida social, se vuelve hacia sí misma una contradicción. La ciudad, como resultado de la vida moderna, se proclama como el espacio ideal para el ejercicio de la ciudadanía de todos, pero mi intención ahora, aquí, es plantear que la ciudad se ha modernizado, y sin embargo, no se a vuelto moderna. Puedo decir que todo lo que en la ciudad se ha logrado a través de los años se desvanece en el aire por obra de la misma modernización: se pierde lo poco que se había ganado de espacio público, se destruye la historia en todas sus manifestaciones por el simple hecho de que no es productiva, se resignifican los referentes culturales, los lugares se convierten monolitos, o parafraseando la cita de Baudelaire, se convierten en “viejas esfinges que ignoran el mundo indiferente”.
La ciudad abierta, modernizada, se convierte poco a poco en un ghetto, un espacio ensimismado en el que se “abre camino con un hacha de carnicero” tal y como lo hizo Robert Moses con la ciudad de Nueva York. Monterrey no está exenta a ello y la mayoría de quienes la habitamos estamos expuestos a ser el obstáculo que se interpone entre los proyectos modernizantes y “el hacha de carnicero”.
El propósito de esta serie es mostrar el lado de la ciudad que se esconde, que no se nombra, señalar los referentes que la hacen moderna y que poco a poco, se desvanecen en el aire. El retrato señala lo que no volverá a pasar, capta un instante, es ésa foto y no la foto lo que le da singularidad. El simbolismo de la foto nombra los cambios producidos por una modernidad acelerada. Las construcciones, esos vestigios rebasados por su propia obsolescencia, son mudos partícipes de una modernidad en la que en cierto momento, ya no ocuparán el mismo lugar y cederán su espacio a otra cosa más moderna y todas esas cosntrucciones caerán por su propio peso, víctimas de esa enorme levedad con la que fueron construidos .
“-Desde ahora no eres más, ¡oh viviente materia!
que un granito rodeado de un espanto impreciso...
vieja esfinge que ignora el mundo indiferente,
olvidada en el mapa, y cuyo humor huraño
sólo canta a los rayos del sol cuando se pone.”
Spleen LXXVI
Charles Baudelaire, Las Flores del mal
La mirada se centra en el contexto urbano, en las calles y construcciones que al paso de los días convierten la ciudad en un espacio que se nombra así mismo. La fotografía capta un instante dentro de la ciudad, capta un momento que no vuelve a pasar. La ciudad en sí misma es el resultado de un álgido desarrollo. En particular ésta ciudad. Aquí, todo lo sólido se desvanece en el aire y casi todo está a punto de desaparecer puesto que la base de la ciudad, sus cimientos modernizantes, hacen de ella algo tan efímero como el momento que la fotografía capta. La ciudad está creciendo en aras de un progreso que avanza constantemente y hace que cada día que pasa, las cosas tiendan a desvanecerse en aire.
Al poco tiempo, la ciudad se vuelve en un lugar aciago, convertido casi en un “no lugar”. El espíritu progresista convocó a su transformación y el impulso del auge industrial modificó a lo largo de cien años el trazo original de sus calles, edificios y resignificó la manera en que la habitamos.
En esta imagen, “Todo lo sólido se desvanece en el aire” tomada del Manifiesto Comunista de Carlos Marx, plasmo a través de las fotografías un tema que pocas veces se ha considerado plantear: la insuficiencia de la idea de modernidad en los aspectos de la vida urbana. La idea constante de la modernidad, es decir, el cambio perpetuo y constante en todos los aspectos de la vida social, se vuelve hacia sí misma una contradicción. La ciudad, como resultado de la vida moderna, se proclama como el espacio ideal para el ejercicio de la ciudadanía de todos, pero mi intención ahora, aquí, es plantear que la ciudad se ha modernizado, y sin embargo, no se a vuelto moderna. Puedo decir que todo lo que en la ciudad se ha logrado a través de los años se desvanece en el aire por obra de la misma modernización: se pierde lo poco que se había ganado de espacio público, se destruye la historia en todas sus manifestaciones por el simple hecho de que no es productiva, se resignifican los referentes culturales, los lugares se convierten monolitos, o parafraseando la cita de Baudelaire, se convierten en “viejas esfinges que ignoran el mundo indiferente”.
La ciudad abierta, modernizada, se convierte poco a poco en un ghetto, un espacio ensimismado en el que se “abre camino con un hacha de carnicero” tal y como lo hizo Robert Moses con la ciudad de Nueva York. Monterrey no está exenta a ello y la mayoría de quienes la habitamos estamos expuestos a ser el obstáculo que se interpone entre los proyectos modernizantes y “el hacha de carnicero”.
El propósito de esta serie es mostrar el lado de la ciudad que se esconde, que no se nombra, señalar los referentes que la hacen moderna y que poco a poco, se desvanecen en el aire. El retrato señala lo que no volverá a pasar, capta un instante, es ésa foto y no la foto lo que le da singularidad. El simbolismo de la foto nombra los cambios producidos por una modernidad acelerada. Las construcciones, esos vestigios rebasados por su propia obsolescencia, son mudos partícipes de una modernidad en la que en cierto momento, ya no ocuparán el mismo lugar y cederán su espacio a otra cosa más moderna y todas esas cosntrucciones caerán por su propio peso, víctimas de esa enorme levedad con la que fueron construidos .
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